Mostrando entradas con la etiqueta metafísica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta metafísica. Mostrar todas las entradas

jueves, 8 de mayo de 2014

Amos y Esclavos

"Somos dueños de nuestros actos y esclavos de sus consecuencias"

Aún cuando en la infancia no somos dueños de la totalidad de nuestros actos por un instinto superior de protección (Padre), que toma las riendas de la dirección de nuestra vida bajo el amor sumiso de nuestra Madre, así las causas afectan a nuestro carácter. La causa es parte de nuestro aprendizaje, independientemente de quién tome la decisión, ya que la causa es para quien ejecute la acción.

Cuando somos niños aún no hemos tomado conciencia de ello. Al crecer vamos siendo dueños de esta nuestra conciencia, y con ella, de sus consecuencias. Por eso es tan importante romper ese cordón umbilical que nos une con nuestra raíz terrenal, para poder aprender de nuestros actos, de sus causas, y que ambas sean propias, para no derrumbarnos ante las causas que otros provocan.

En el instante en que decidimos que estas decisiones han de ser nuestras, nos hacemos Señores de sus consecuencias.

NO convirtamos un consejo u opinión del prójimo en una decisión propia sin haber discernido con claridad así la forma como la causa plausible.

Cada uno tiene una carga que soportar, y ésta ha de ser únicamente nuestra. Abandonad el peso de cargas heredadas, y comenzad a vivir con plenitud, llevando únicamente nuestra propia piedra que hemos de desbastar.

Una vez podamos entender esto, dejaremos de culpar a nuestro Padre, Madre, Hermano, amigo o vecino, y podremos vernos cara a cara con nuestros egos, sin espejos ni falsos reflejos.


martes, 22 de abril de 2014

Alcohol

La espiritualidad es como el alcohol.


Si te excedes, comienzas a ver Amigos donde antes sólo existían desconocidos, abrazas bajo un manto de excusas, abres tu corazón con la esperanza de que a alguien le importe, te sientes en posición de juzgar al prójimo ante mezquinos, ves Fraternidad allá donde antes sólo existía envidia, y perdonas... perdonas por doquier a aquél que te mira por encima del hombro, al enemigo que sólo ves en tu exterior, ... te crees superior por alcanzar un estado de exaltación que te hace sentir único en este mundo.


Cuando lo abandonas, te sientes confuso, las ideas van y vienen, y la Luz duele al contacto con tus ojos, tu cuerpo se siente enfermo, algo por dentro no te permite conciliar el sueño, tus ojos son incapaces de derramar una sola lágrima sin arañar tus pupilas, te sientes avergonzado por los besos y abrazos derrochados, te sientes decepcionado al comprobar que aquellas sinceras palabras cayeron en oídos huecos, entras en un duelo personal al verte reflejado en tu propio espejo, en el que tan sólo deseas que aquel episodio sea olvidado y no se te juzgue por tus actos.


Recuerda: Bebe con moderación, que tu cuerpo sea capaz de hacer suyo tanto lo bueno como lo malo, pues lo malo no es más un reflejo de nuestros propios Egos, si huyes de ellos, huyes de ti mismo.


Que tu Ego no consiga embriagarte, impidiendo así que distingas la vigilia de los sueños.

miércoles, 7 de julio de 2010

Entre las Bestias

El calor se hacía presente cada minuto del día, día que se adentraban poco a poco dentro del cálido y árido verano, verano de cuyo comienzo somos conscientes cuando vemos en las trágicas cogidas que soportan entre unos y otros, aquellos que creen poder sin saber, demostrar su coraje y valentía delante de un morlaco. Y sin tener en cuenta que no sólo es cuestión de buevos sino de destreza y avidez, se valentonan colocándose frente a semejante masa de carne y huesos  dispuestos a comenzar una sin igual carrera de apenas unos minutos de distancia, pero que para algunos puede convertirse en el martirio más largo que jamás hayan podido presenciar.

Acechaba la hora en la que el cántico a San Fermín retumbaba por las callejuelas pamplonicas, miles de voces al unísono alardeban de su miedo al pedir valor al Santo para arremeter la corrida de sus vidas. Mi voz apenas podía graznar por el miedo de ser golpeado, atropellado, pisoteado, y que ninguno de mis compañeros fuera capaz de ayudarme en caso de desvanecerme en el frío y húmedo asfalto, era mi primera vez, y quizás fuese la última. Un sudor frío recorría mi cuerpo, empapado, jadeando incluso antes de comenzar el martirio... no, yo no estaba hecho para esto... ya me habían hablado de estos días... no, no podía creer que ahora fuese yo quien corriera, ¿por qué habría de venir aquí?

Casi sin esperarlo se abrieron las puertas, cientos de personas asomadas viendo cómo salían las bestias de su recinto a ritmo de caña golpeando sobre el lomo... gritos y embestidas corporales parecían ser los gestos más normales en esta plaza donde todo comienza y de la misma forma en la que acabará. Las moles asustadas comenzaron su particular salida ahuyentados por borrachos y mozos,... los primeros tropiezos llegaron en esa primera curva, en la que algunos golpearon sus kilos de masa sobre los muros de aquella vieja vivienda en la que asustadizos pseudovalientes se agolpan para conseguir un pequeño hueco de reja y alejarse del peligro... sería lo más cerca que jamás estarían de un toro. Tropecé con mi propia pierna y caí sin apenas poder remediarlo, hinqué mi boca sobre el suelo restregando y probando el sucio suelo pisado por miles de personas y bañado por los más extravagantes cócteles que aquella fiesta podía dejar. Dos de mis compañeros cayeron aplastándome por mi culpa, ávidos se incorporaron por miedo a sus cazadores, el peso me hirió en un tobillo, apenas podía moverme, pero venían hacia mi, en manada, los miré a los ojos y el miedo eliminó el dolor para sacar las fuerzas que jamás tuve de joven. Mi carrera había comenzado.

Con la cabeza bien alta me levanté y procuré la coordinación de mis extremidades para no volverme a tropezar, en continua lucha contra el resbaladizo suelo, y los seguidos palos y empujones que recibo de las gentes que corren a mi alrededor.

Un nuevo giro sobre el firme donde ya se han resbalado varios compañeros, frenar sería perder terreno frente esas bestias, y desviar el camino se hace cada vez más imposible al no poder conjugarlo con mi equilibrio... fuerzas contrapuestas destinadas a elevarme al nivel del piso para encauzar una vez más mi masa frente a mi centro de gravedad, para visualizar al fin las puertas en las que acaba mi calvario. Sin huecos en las vallas donde saltar, sin lugares donde poder agarrarme y esperar que pase la marea, ni un mísero refugio donde apaciguar el pánico que me acosa desde hacía varios días... Exhausto percibo el sutil movimiento de los pañuelos rojos hondeando a nuestra entrada entre gritos y vitoreos. Como héroes de guerra sin batalla en desigualdad, el manso y la bestia, traspaso las puertas triunfante al haber arribado finalmente donde la corriente de mozos, corredores y demás incautos me arrastraba desde mis inicios. Y una vez ahí, en el centro del ruedo, sólo me queda agachar la cabeza y reconocer mi derrota frente a la humillación de masas entre capotes y recortadores, donde la furia y el odio tornan en serenidad y lucidez gracias al cansancio y al aturdimiento provocado por las caídas y palos con los que alardeaban de falso valor. Desnudo quedo avasallado por silbidos y gritos, rindo mi valor y mi orgullo ante tal muestra de gentes civilizadas.

Nadie más que yo mismo ante la masa de gente civilizada, despojado de mi valor y mi orgullo, avasallado por los gritos y los silbidos de todo aquel que entra en el ruedo, y humillado por aquellos que me han hecho morder el polvo, me postro sobre mis codillos rindiendo pleitesía ante las bestias que arremeten contra un manso ganado, en busca del indulto para así intentar salvarme del fatídico final que me esperaba. Sin duda, la peor carrera de mi vida.

martes, 30 de marzo de 2010

Causística y casuística

En física, la causalidad describe la relación entre causa y efecto. Según el principio de causalidad, toda acción debe tener siempre una causa, y si toda causa al mismo tiempo obtiene la misma acción, además se cumple el principio de uniformidad.

Suele confundirse comúnmente la casualidad y la causalidad, no sé si por confusión o desconocimiento, aunque me decanto por la segunda. La casualidad entra en un sistema aleatorio, en las que las acciones no requieren un efecto determinado, y cada efecto no tiene una causa originaria concreta. La casualidad vendría determinada por el principio de incertidumbre introducido por Heisenberg a principios del siglo XX que, aunque destinado a la mecánica cuántica, podríamos extrapolarlo a un sistema no microscópico, el día a día.

Pongamos por ejemplo una ciudad como sistema, entendiendo como tal un conjunto de elementos dinámicamente relacionados realizando una actividad para alcanzar un objetivo. Estos elementos somos nosotros, ya que realmente controlamos el resto de elementos: flora, fauna y ladrillo. Apenas dejamos a la naturaleza al libre albedrío: cuando en un jardín nace un árbol no contemplado en algún libreto se arranca o se corta, no existe la incertidumbre, salvo la de conocer qué especie era, y qué forma tendría al crecer. En este sistema existen subsistemas, como por ejemplo, una oficina de trabajo, una familia, o un simple grupo de amigos. No creo que la gente actúe o hable sin pensar, eso formaría parte del principio de incertidumbe, pero no es así, aquellos que realmente actúan sin pensar deberían estar bajo vigilancia profesional, ya que no tienen control sobre sí mismos. Pero este tópico se ha convertido en típico, denigrando a mi entender a quien lo usa. Actuamos y hablamos, y estas acciones a menudo llevan consigo una causa, una respuesta, un paso o un gesto. Cuando en un sistema, cada uno de los miembros actúan de forma independiente, causan también un efecto independiente que, de tener una naturaleza en común podría derivar en efecto a media o gran escala, afectando únicamente a los miembros del sistema, o incluso a otros sistemas a través de los elementos en común.

A esto se le suele llamar casualidad, en la que personalmente no creo. Creo que las cosas suceden porque tienen que suceder, y sus efectos están regidos por un orden natural, muy por encima de nuestro entendimiento y de la mecánica cuántica.