La espiritualidad es como el alcohol.
Si te excedes, comienzas a ver Amigos donde antes sólo existían desconocidos, abrazas bajo un manto de excusas, abres tu corazón con la esperanza de que a alguien le importe, te sientes en posición de juzgar al prójimo ante mezquinos, ves Fraternidad allá donde antes sólo existía envidia, y perdonas... perdonas por doquier a aquél que te mira por encima del hombro, al enemigo que sólo ves en tu exterior, ... te crees superior por alcanzar un estado de exaltación que te hace sentir único en este mundo.
Cuando lo abandonas, te sientes confuso, las ideas van y vienen, y la Luz duele al contacto con tus ojos, tu cuerpo se siente enfermo, algo por dentro no te permite conciliar el sueño, tus ojos son incapaces de derramar una sola lágrima sin arañar tus pupilas, te sientes avergonzado por los besos y abrazos derrochados, te sientes decepcionado al comprobar que aquellas sinceras palabras cayeron en oídos huecos, entras en un duelo personal al verte reflejado en tu propio espejo, en el que tan sólo deseas que aquel episodio sea olvidado y no se te juzgue por tus actos.
Recuerda: Bebe con moderación, que tu cuerpo sea capaz de hacer suyo tanto lo bueno como lo malo, pues lo malo no es más un reflejo de nuestros propios Egos, si huyes de ellos, huyes de ti mismo.
Que tu Ego no consiga embriagarte, impidiendo así que distingas la vigilia de los sueños.
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martes, 22 de abril de 2014
martes, 25 de octubre de 2011
JUICIOS Y VALORES
Camina con la cabeza bien alta, pero siempre por encima de tus hombros. Si un día pasaras frente a un espejo, no corras, para y mira... quebraría en mil añicos al tomar conciencia de sus propios reflejos.
Reflejos que amargan el aire dulce que se respira, enrarece los pulmones, y quema con el azufre de nuestras entrañas la sangre que corre por nuestras venas.
Crees tener la razón por gritar lo que más te valdría callar, cuando sabes que sólo se escucharán los ecos del silencio en el vacío del falso mundo que te rodea.
Conduces a las tinieblas a aquellos que con malas artes ofreces unos pocos granos de uva cayendo rendidos a tu muestra de poder, creyendo que ahí, cobijados en el calor de tu regazo, encontrarán la luz que sus falsas vidas les niega. Creas adicción con el opio del pueblo que tú mismo fabricas, y sólo pides a cambio pleitesía fálica hacia tu arrogante ego.
Avalas vacías palabras en prejuicio de la verdad, emitiendo juicios de valor cuando demuestras carecer de ellos, a cambio de una firma de sangre en un contrato en blanco que muestra cada segundo las nuevas condiciones que lo regulan.
Crees que con tu arrogancia alcanzas el nivel de consciente, que tu soberbia te hace tener una identidad propia, y que tu vanidad te permite ver más allá de tu propio ombligo.
Eres víctima incondicional de tus propios actos, siempre respaldados por tu altanería, sin asumir tus propias consecuencias, sometiendo al más frío y oscuro infierno a aquellos que no te brindan obediencia. Pero olvidas que no se puede someter a aquellos que buscan la verdad.
Reflejos que amargan el aire dulce que se respira, enrarece los pulmones, y quema con el azufre de nuestras entrañas la sangre que corre por nuestras venas.
Crees tener la razón por gritar lo que más te valdría callar, cuando sabes que sólo se escucharán los ecos del silencio en el vacío del falso mundo que te rodea.
Conduces a las tinieblas a aquellos que con malas artes ofreces unos pocos granos de uva cayendo rendidos a tu muestra de poder, creyendo que ahí, cobijados en el calor de tu regazo, encontrarán la luz que sus falsas vidas les niega. Creas adicción con el opio del pueblo que tú mismo fabricas, y sólo pides a cambio pleitesía fálica hacia tu arrogante ego.
Avalas vacías palabras en prejuicio de la verdad, emitiendo juicios de valor cuando demuestras carecer de ellos, a cambio de una firma de sangre en un contrato en blanco que muestra cada segundo las nuevas condiciones que lo regulan.
Crees que con tu arrogancia alcanzas el nivel de consciente, que tu soberbia te hace tener una identidad propia, y que tu vanidad te permite ver más allá de tu propio ombligo.
Eres víctima incondicional de tus propios actos, siempre respaldados por tu altanería, sin asumir tus propias consecuencias, sometiendo al más frío y oscuro infierno a aquellos que no te brindan obediencia. Pero olvidas que no se puede someter a aquellos que buscan la verdad.
miércoles, 27 de julio de 2011
Ciclos
Lo que resta de cada día es la diferencia entre el día completo y lo que ya hemos vivido. Y lo que hemos vivido suma al conjunto de nuestras experiencias para terminar este día satisfecho. Y si al finalizar del día, el resultado es el mismo que el de ayer, es que no hemos vivido, y el Tiempo jamás nos devolverá lo perdido, ahogándose en el precipicio del olvido.

Amplias son las opciones que albergan nuestras horas, amplios los caminos que definir, largos los empedrados que marcan nuestros pies, infinito el cielo que nos cubre, salada el agua que nos alimenta y amargo el sudor de nuestra frente. Y aún así, conociendo la rudeza del camino, elevo cada día mi mirada al alba, en recuerdo del día nuevo que comienza, y bajo los augurios del sol camino con paso firme para afrontar las alegrías y vivir las penurias junto a la luz de tu sonrisa.
Hoy soy más que ayer, y en mis huellas dejo el rastro que otros pueden reconocer u obviar. Avanzo como me mostraron que debía, con mis ojos concebidos para escuchar, mis oídos forjados para ver, mi piel tejida para sentir y mis cabellos moldeados para apreciar cómo la vida continua naciente desde mi interior hacia oriente, donde hallaré la clave para alcanzar el ocaso de mis días, con tan sólo mirar atrás.
Aspiro a que cada instante de mi vida sea distinto al anterior, siendo menos que mañana, permitiendo que el arbitrio de los segundos me impregne y sorprenda a cada paso. Y sumar así, día a día, el resultado del final de nuestra existencia, para que ésta haya sido plena.
Soy parte de cada uno de vosotros como lo sois de mi, una pequeña mota en este Universo que por sí sola no se muestra presente, pero junto a muchas otras, creamos masa corpórea e incorpórea, capaz de atravesar el tiempo y el espacio en busca de las horas que necesitamos, de los minutos que no conocemos, y los segundos que en la soledad obviamos.
Fui, soy y seré, complemento de mi aliento y suplemento de mi esencia.
Amplias son las opciones que albergan nuestras horas, amplios los caminos que definir, largos los empedrados que marcan nuestros pies, infinito el cielo que nos cubre, salada el agua que nos alimenta y amargo el sudor de nuestra frente. Y aún así, conociendo la rudeza del camino, elevo cada día mi mirada al alba, en recuerdo del día nuevo que comienza, y bajo los augurios del sol camino con paso firme para afrontar las alegrías y vivir las penurias junto a la luz de tu sonrisa.
Hoy soy más que ayer, y en mis huellas dejo el rastro que otros pueden reconocer u obviar. Avanzo como me mostraron que debía, con mis ojos concebidos para escuchar, mis oídos forjados para ver, mi piel tejida para sentir y mis cabellos moldeados para apreciar cómo la vida continua naciente desde mi interior hacia oriente, donde hallaré la clave para alcanzar el ocaso de mis días, con tan sólo mirar atrás.
Aspiro a que cada instante de mi vida sea distinto al anterior, siendo menos que mañana, permitiendo que el arbitrio de los segundos me impregne y sorprenda a cada paso. Y sumar así, día a día, el resultado del final de nuestra existencia, para que ésta haya sido plena.
Soy parte de cada uno de vosotros como lo sois de mi, una pequeña mota en este Universo que por sí sola no se muestra presente, pero junto a muchas otras, creamos masa corpórea e incorpórea, capaz de atravesar el tiempo y el espacio en busca de las horas que necesitamos, de los minutos que no conocemos, y los segundos que en la soledad obviamos.
Fui, soy y seré, complemento de mi aliento y suplemento de mi esencia.
lunes, 28 de marzo de 2011
Ausencias
Una vez más la noche se hace con el poder del continuo, para ofrecernos lo más parecido a lo que creemos es la realidad que vivimos bajo la luz del sol, olvidando que un simple destello nos desvía la atención en la misma vigilia. Es en las noches cuando afloran nuestros sentidos durmientes del día. Es en las noches cuando mis pupilas se relajan en la dilatación de la intensa luz del mediodía. Es en las noches cuando me detengo, pienso y medito sobre todo aquello que quizás no esté preparado a ver con claridad. Es en las noches cuando soy consciente de su ausencia y aún así, me ayuda a darme cuenta de todo aquello que pierdo, al pensar que el regalo eterno de Prometeo es suficiente para creer que aquello que veo es, y que todo lo que es, es así porque lo veo.

Erramos en el pensamiento de existir en un mundo abocado al destino de la oscuridad, sumido en tinieblas que nos impide ver con claridad más allá de nuestros propios actos... cuando en realidad, somos nosotros, ciegos, los que osamos pisar un mundo de luz y de verdad, que ni la niebla más espesa podría oscurecer.
Como la moneda que brilla con falsa luz, otorgándonos un falso poder sobre el necio que la recibe, así pasamos por el mundo, tuertos en un mundo de ciegos, creyentes de ser más por lo que somos, por creer ser nosotros mismos cuando nuestras propias cadenas nos atan al yugo de la esclavitud.
Es en las noches cuando somos conscientes del color de la luz del día, cada vez que nuestra alma nos traiciona a través de los sueños... y es en los días cuando nuestra conciencia inconsciente dormita impidiendo que nuestro cuerpo sea consciente de nuestra alma, gérmen de nuestra efímera y divina existencia.
Somos seres ausentes en la vigilia, somos seres presentes en nuestros sueños. Despierta cada día en el amanecer de tu conciencia, y haz de tu alma un ser consciente en la vigilia, y presente en el subconsciente.
Erramos en el pensamiento de existir en un mundo abocado al destino de la oscuridad, sumido en tinieblas que nos impide ver con claridad más allá de nuestros propios actos... cuando en realidad, somos nosotros, ciegos, los que osamos pisar un mundo de luz y de verdad, que ni la niebla más espesa podría oscurecer.
Como la moneda que brilla con falsa luz, otorgándonos un falso poder sobre el necio que la recibe, así pasamos por el mundo, tuertos en un mundo de ciegos, creyentes de ser más por lo que somos, por creer ser nosotros mismos cuando nuestras propias cadenas nos atan al yugo de la esclavitud.
Es en las noches cuando somos conscientes del color de la luz del día, cada vez que nuestra alma nos traiciona a través de los sueños... y es en los días cuando nuestra conciencia inconsciente dormita impidiendo que nuestro cuerpo sea consciente de nuestra alma, gérmen de nuestra efímera y divina existencia.
Somos seres ausentes en la vigilia, somos seres presentes en nuestros sueños. Despierta cada día en el amanecer de tu conciencia, y haz de tu alma un ser consciente en la vigilia, y presente en el subconsciente.
jueves, 17 de marzo de 2011
Libertad
Mientes con la intención de dañar a quienes te rodean, a los que una vez confiaron plenamente en ti. Mientes una y otra vez, sin base lógica, sin sustento que refuerce tus pilares, sin nada que demuestre la veracidad de tan sólo una de tus palabras. Mientes cada vez que abres la boca, derramas con maldad y falsa inocencia falacias, haciéndote la víctima de cada una de las consecuencias que tan sólo tú provocas. Anhelos de deseos incumplidos que aderezados con malicia forjan cada una de tus palabras.

La palabra es verbo, y el verbo es acción y ejecución. Y cada uno de nuestros actos nos será devuelto por el Universo por tres veces tres, y llegará el momento en que nos convertimos en nuestros propios jueces para juzgar aquello que hemos hecho en vida. La invención te envolverá en un mundo plagado de falsedades y mentiras, y encontrarás el instante en el que dejes de distinguir entre lo que es real, y lo que sea que hayas tejido en ese mundo que has creado zurciendo los rotos de tu propia existencia. Abandona tus fantasías, tus mundos paralelos, tus mentiras, y asume la realidad de tu vida, para que así los que comparten tus días puedan dedicarse a vivir en paz, junto a ti, con amor y sin rencor, y que el día de tu Juicio puedas mirar a tu lado para comprobar que tu soledad la abandonaste el día que decidiste tomar las riendas de tu realidad.
Vivo enamorado en un mundo de recelos y odio, cargado de mentiras y prohibiciones, lleno de falsas esperanzas y cobijado bajo el despecho e indiferencia social,… y sin embargo, intento vivir en el amor y la igualdad. Camino contra viento y marea, atravieso los obstáculos que se me presentan, otros los obvio para elevar mi conciencia hasta que el zenit me lo impida. Y a menudo me golpeo con la realidad y caigo en las fauces del fuego de nadir, para salir nuevamente con la satisfacción de mantenerme donde debo de estar. Y caeré mil veces más, y saldré otras mil, y mil más hasta aprender y sumar cada una de mis experiencias al margen de los tabúes y las mentiras que me rodean.
No preciso esconderme ante los ataques, sino afrontarlos y aprender de ellos; no preciso acallar mi lengua cuando arde en deseos de abrir los ojos al ciego; no preciso huir de la mentira, tan sólo dejar que el tiempo hable por sí solo para poner a cada uno en su lugar; no preciso excusarme una y otra vez a quienes no me conocen; Soy como soy, no preciso explicar mis motivos en cada uno de mis actos, pues a través de ellos se me conocerá.
Tengo una novia, hermosa, muy hermosa... hermosísima... una compañera tan bella y tan dulce, tan sincera y tan plena, tan real y tan llena de vida, tan comprensiva y llena de cariño... tan linda y tan hermosa,... a ella debo mi vida, y por ella la entregaré. Su nombre es LIBERTAD.
Martín de Alva
No soy quien soy por decir que lo soy, soy quien soy porque vosotros me reconoceréis como tal.
La palabra es verbo, y el verbo es acción y ejecución. Y cada uno de nuestros actos nos será devuelto por el Universo por tres veces tres, y llegará el momento en que nos convertimos en nuestros propios jueces para juzgar aquello que hemos hecho en vida. La invención te envolverá en un mundo plagado de falsedades y mentiras, y encontrarás el instante en el que dejes de distinguir entre lo que es real, y lo que sea que hayas tejido en ese mundo que has creado zurciendo los rotos de tu propia existencia. Abandona tus fantasías, tus mundos paralelos, tus mentiras, y asume la realidad de tu vida, para que así los que comparten tus días puedan dedicarse a vivir en paz, junto a ti, con amor y sin rencor, y que el día de tu Juicio puedas mirar a tu lado para comprobar que tu soledad la abandonaste el día que decidiste tomar las riendas de tu realidad.
Vivo enamorado en un mundo de recelos y odio, cargado de mentiras y prohibiciones, lleno de falsas esperanzas y cobijado bajo el despecho e indiferencia social,… y sin embargo, intento vivir en el amor y la igualdad. Camino contra viento y marea, atravieso los obstáculos que se me presentan, otros los obvio para elevar mi conciencia hasta que el zenit me lo impida. Y a menudo me golpeo con la realidad y caigo en las fauces del fuego de nadir, para salir nuevamente con la satisfacción de mantenerme donde debo de estar. Y caeré mil veces más, y saldré otras mil, y mil más hasta aprender y sumar cada una de mis experiencias al margen de los tabúes y las mentiras que me rodean.
No preciso esconderme ante los ataques, sino afrontarlos y aprender de ellos; no preciso acallar mi lengua cuando arde en deseos de abrir los ojos al ciego; no preciso huir de la mentira, tan sólo dejar que el tiempo hable por sí solo para poner a cada uno en su lugar; no preciso excusarme una y otra vez a quienes no me conocen; Soy como soy, no preciso explicar mis motivos en cada uno de mis actos, pues a través de ellos se me conocerá.
Tengo una novia, hermosa, muy hermosa... hermosísima... una compañera tan bella y tan dulce, tan sincera y tan plena, tan real y tan llena de vida, tan comprensiva y llena de cariño... tan linda y tan hermosa,... a ella debo mi vida, y por ella la entregaré. Su nombre es LIBERTAD.
Martín de Alva
No soy quien soy por decir que lo soy, soy quien soy porque vosotros me reconoceréis como tal.
jueves, 25 de noviembre de 2010
Juventud Robada
Aún recuerdo aquellos días en los que nuestros cuerpos retozaban con alegría bajo las sábanas y contemplábamos el amanecer bajo el calor de nuestra piel. Aún recuerdo aquellos paseos en los que nuestras manos se fundían en una, y nuestros pies caminaban al compás, y nuestras miradas despertaban el más innato de los instintos en busca de la pasión más salvaje que jamás se haya podido conocer.

Aún recuerdo los momentos en que alzábamos la voz creyendo así que tendríamos más razón que el otro. Aún recuerdo las salvajes caricias que entre voces me regalabas marcando así los límites de mi inocente lozanía. Aún recuerdo aquellos días en los que me ofrendabas cada noche con un ramo de preciosas margaritas y lilas, y yo te correspondía con caricias y eternos abrazos, haciendo de nuestro hogar tu palacio y de mi cuerpo tu esclava. Aún recuerdo cuando embriagado me sometías a tus más oscuros deseos de placer humillándome en la soledad de mi experiencia, sin nadie con quien hablar, sin nadie a quien acudir, con el miedo de ser aquella que no satisface a su compañero. Aún recuerdo aquellos días en los que crecí ciega bajo el yugo de la protección de tu mundo, incapaz de asumir las verdades que algún día atormentarían mi ansia de vivir. Aún recuerdo el sudor frío recorriendo los poros de mi piel deseando que llegara el alba para que abandonaras mi pequeño mundo y así desterrarme al amparo de mi soledad y mis pensamientos. Aún recuerdo el miedo con que veía pasar los minutos que acercaban mi rostro a tus dedos desgastados por tus faenas.
Aún recuerdo aquellos días que con dolor me arrancaron a tiras mi juventud, cicatrices, llagas y marcas que jamás abandonarán los rincones de mis recuerdos en los que una vez se refugiaron en el silencio de las noches en busca de cobijo.
Y aunque hoy sea libre, aún recuerdo aquellos años que pasé en el desierto para encontrarme a mi misma y fortalecer los pilares sobre los que me sustento, sobre los cuales edificaré una nueva vida, con nuevos colores y nuevas sonrisas, con fuerzas renovadas para luchar y demostrar, que siempre hay desiertos llenos de oasis en los que descansar.
El miedo es aquella sensación que se tiene ante lo desconocido, yo ya te conozco, he vivido contigo, te he mirado a los ojos y sé quién eres, te reconocería en cualquier parte del mundo, te escondas bajo la piel que quieras.
YA NO TE TEMO.
Aún recuerdo los momentos en que alzábamos la voz creyendo así que tendríamos más razón que el otro. Aún recuerdo las salvajes caricias que entre voces me regalabas marcando así los límites de mi inocente lozanía. Aún recuerdo aquellos días en los que me ofrendabas cada noche con un ramo de preciosas margaritas y lilas, y yo te correspondía con caricias y eternos abrazos, haciendo de nuestro hogar tu palacio y de mi cuerpo tu esclava. Aún recuerdo cuando embriagado me sometías a tus más oscuros deseos de placer humillándome en la soledad de mi experiencia, sin nadie con quien hablar, sin nadie a quien acudir, con el miedo de ser aquella que no satisface a su compañero. Aún recuerdo aquellos días en los que crecí ciega bajo el yugo de la protección de tu mundo, incapaz de asumir las verdades que algún día atormentarían mi ansia de vivir. Aún recuerdo el sudor frío recorriendo los poros de mi piel deseando que llegara el alba para que abandonaras mi pequeño mundo y así desterrarme al amparo de mi soledad y mis pensamientos. Aún recuerdo el miedo con que veía pasar los minutos que acercaban mi rostro a tus dedos desgastados por tus faenas.
Aún recuerdo aquellos días que con dolor me arrancaron a tiras mi juventud, cicatrices, llagas y marcas que jamás abandonarán los rincones de mis recuerdos en los que una vez se refugiaron en el silencio de las noches en busca de cobijo.
Y aunque hoy sea libre, aún recuerdo aquellos años que pasé en el desierto para encontrarme a mi misma y fortalecer los pilares sobre los que me sustento, sobre los cuales edificaré una nueva vida, con nuevos colores y nuevas sonrisas, con fuerzas renovadas para luchar y demostrar, que siempre hay desiertos llenos de oasis en los que descansar.
El miedo es aquella sensación que se tiene ante lo desconocido, yo ya te conozco, he vivido contigo, te he mirado a los ojos y sé quién eres, te reconocería en cualquier parte del mundo, te escondas bajo la piel que quieras.
YA NO TE TEMO.
jueves, 28 de octubre de 2010
Los 3 Infiernos
Y he caminado sobre las aguas del infierno, y me he sumergido en el fuego eterno celestial. Y ahí es donde mi razón es anulada por Su vanidad, donde mi pensamiento pierde todo su valor, donde mi coraje se convierte en cobardía, y aquellos que se ciernen sobre mi se muestran como serpientes ávidas de la necesidad de un mundo sin las cadenas de la ignorancia y el yugo de la necedad.
Y entre el fuego y el agua, jamás podré resistirme al dulce aroma que exalta mi alma, ni a las finas gotas que exudan de las uvas con que Hades me llama a tomar asiento.
Y paseo entre las sombras del invierno de cada uno de mis ciclos, y regreso a este mundo que anula la existencia de nuestras almas en el estío. Sus gentes me traicionarán sin dudarlo, me aniquilarán, quemarán mis entrañas una y otra vez hasta saciar su sed de Ego. Y así es cada día que piso el cálido suelo que me acoge, como si de un castigo se tratara, días sin noches y noches sin día, viviendo cada uno como si fuese el anterior.
El tiempo se detiene en la incertidumbre del destino, impunes quedaremos de nuestros pecados cuando aceptemos dónde estamos, y qué nos espera más allá de la eternidad, cuando nuestra conciencia despierte y descubra la naturaleza de nuestro verdadero Ser.
Y entre el infierno de la Tierra, sumido en el pestilente olor a azufre, elijo pasar mis días con el cálido abrazo del Ego, con quien siempre podré reencontrarme.
VITRIOL.
martes, 19 de octubre de 2010
19 de Octubre
Mi cuerpo comenzaba a deslizarse entre las gentes sin necesidad de apoyarme en el suelo, observando todo a mi alrededor desde las alturas. El tiempo se ralentizaba para poder ver cada uno de los movimientos, reacciones, miradas, gestos, pasos de quienes me rodeaban, así como las oscilaciones armónicas de los árboles, los que como si a la señal de una batuta fuesen ordenados, bailaban al compás del suave susurro de los vientos de Mediodía. El dulce sentir del salitre penetraban en mis venas recorriendo cada pliegue de mi piel, mostrándome a cada momento quién soy y de dónde vengo... mis raíces, aquéllas que se alimentan de cada decisión que marca mis pasos, pasos que doy a cada instante, instantes que vivo con el orgullo de haber nacido y el objetivo de mi legado.
Mis párpados se inquietan al tiempo que mi mente acompaña a mi alma al punto más lejano de mi regresión... abro mis ojos y tras el duelo de no querer separarme de las garras de Morpheo, una vez más vuelvo a ser yo. La realidad me da caza y con saña me golpea con la fuerza de un huracán lanzando mis entrañas más allá de los límites de mi piel. Mis pupilas sangran los lamentos de mi pecho.
Imágenes pasadas, decisiones cobardes que hoy me pasan factura, demasiado tiempo perdido, horas muertas sin saber qué hacer sentada en el sofá de mi salón... tiempo que jamás regresará a mi, y sin embargo, hoy me doy cuenta de todo lo que aún no he vivido. Debo afrontar la realidad que me ha tocado vivir, mi realidad, esta dura prueba que, finalmente, marcará el resto de mis días. Siempre me he preguntado - ¿por qué yo? -.
Los segundos se hacen eternos frente a la espera y el desconcierto de mi llamada, mi vida queda resumida en un único instante en que mi estado se hace tangible a través de los labios de mi confidente que se asoma tras la puerta con su bata blanca. Su voz firme e inerte hace que cada letra de mi nombre golpee incesante en mi pecho, rumoreándolo a lo largo de mis venas. Cada paso que doy aleja más de mis días, mis pupilas afloran ante el miedo que corrompe mi alma, cada paso que me aproxima ante sus ojos ensordece los silencios que me perturban. Siento cómo su aliento acaricia mis cabellos antes que la frialdad de sus palabras arribe a mis oídos, resonando aquéllas mientras atraviesan mis entrañas como una daga bañada en almíbar. Jamás imaginé que un dolor tan profundo pudiese saborearse con tanta dulzura.
Tras la extraccción de varios bultos de mi pecho, tras la pena de su no erradicación y posterior reproducción, tras años de incertidumbre y meses de quimioterapia... al fin parece ser que los resultados han sido positivos. Ahora mis lágrimas no tienen la amargura que me ahogaban en las noches que me derrumbaban, hoy tengo algo que celebrar.
Tras despertarme de ese tierno sueño y sentir el plácido susurro de la vida, sólo me invade el deseo de vivir y demostrarme a mi misma, que incluso en los momentos más adversos, siempre seguiré siendo mi mejor amiga, mi confidente, mi belleza, mi fuerza, mi sabiduría... y sobre estos pilares construiré un nuevo día... nunca es demasiado tarde para dar comienzo a mi existencia. Ahora sólo una pregunta hace eco en mi mente... - ¿por qué no yo? -.
Hoy, 19 de Octubre, día Internacional del Cáncer de Mama, tiene como objetivo sensibilizar a la población acerca de la importancia de esta enfermedad, así como la necesidad de explorarse periódicamente para prevenir la detección tardía.
domingo, 3 de octubre de 2010
LA DELGADA LÍNEA
Recuerdo aquél día en que la vida pudo conmigo... ese día en que todo se vino abajo, en que mi mundo no era tal y mi realidad distaba de los demás. Recuerdos, anhelos, esperanzas... todo aquello que una vez viví... hoy se desvance sin apenas tener el valor de abrir los ojos y afrontarlo.
Aún recuerdo con lágrimas en mis ojos las suaves curvas con las que alimentabas incluso lo más profundo de mis entrañas... esas que languidecían mi lengua cada vez que me acercaba a ti... esas con las que lograbas que emanara de mi boca el elixir del apetito. Cada vez que sentía el calor que brotaba de cada uno de tus poros, cada vez que mis párpados lacraban mis pupilas para disfrutar del aldente tacto de mis labios saboreando el agridulce sobre tu piel. Aún recuerdo aquellos días en los que me esperabas al llegar a casa tras un duro día de trabajo para disfrutar de tu compañía, de tu tacto, de tu olor... poco a poco tu sabor fue relegándose a la esquina del olvido, víctima de miradas furtivas en una sociedad en la que la imagen ha pasado de ser algo adicional a ser lo único, una vez ya ha pasado por serlo todo.
Ya no necesito más que tu edor para saciarme de ti, más que el cristalino de mis ojos para hartarme de ti, y siempre te tendré ahí, frente a mi cuerpo desnudo angosto de óseos pilares, incapaz de volver a probar ni un solo bocado del delicioso manjar que cada instante me tienta cuando nadie es capaz de ver lo que sólo yo puedo, un cuerpo castigado de hidratos y lípidos, un lienzo húmedo y caído que cubre y da vida a mis articulaciones... un desierto de vello oscuro, un dentado castigado por mi error, unos cabellos en busca de otro lugar donde morir ahogados en la pena no tener alimento...
Necios, víctimas de esta frustrante sociedad ciega que sólo ve en mi un saco de huesos frágil y decaído, incapaces de ver más allá de lo que a sus ojos se creen lo que no es, un ser seguro de sí mismo, capaz, fuerte, y con el cuerpo que siempre ha deseado tener. ¿Cuántos sacrificios son necesarios para llegar al extremo al que yo he llegado? ¿Nadie ve lo que he pasado para llegar a este estado que tanto me costado conseguir? ¿Nadie en su sano juicio puede alegrarse por haber alcanzado mi propio estado de plenitud? ¿¿¡¡Nadie!!?? Críticas, insultos, infamias, palabras más hirientes que una gota de acero fundido derramada por la espalda... ¿y ahora que lo he conseguido? ¿Qué delito cometí contra vosotros siendo como soy? Siendo como vosotros, lenguas viperinas siempre habéis deseado que fuera... Bajo el yugo de vuestra conciencia abandono este cuerpo mío víctima de una sociedad febril y aburrida de sus propias vidas...
Hoy mi cuerpo está débil, tumbado en mi sofá, sin fuerzas de llevarme ni tan sólo un único sorbo de agua que me refresque el gaznate, mis movimientos son lentos... tengo sueño... necesito descansar...
Abro los ojos y los veo junto a mi, rodeándome, hablando entre ellos, con lágrimas en sus ojos de verme tan débil, lo que creí sonrisas de alegría son llantos de tristeza por verme de esta forma. Lágrimas que desgarran mi pecho mientras caen lentamente por sus rostros para morir en la comisura de sus labios. Tanto dolor carcome aún con más insistencia mi alma que muere poco a poco ante tal baño de penurias. Debo mostrarles que aún queda mucho de mi, que aún puedo seguir en pie, sacaré toda la fuerza de mi interior para elevar mi cuerpo, mi mente y mi alma al estado en que deben estar en equilibrio. El sufrimiento ya es un hecho.
¿Cómo he llegado hasta este extremo? ¿Cómo he permitido que esto llegue a suceder? ¿Qué me han hecho los que más me aman que les he pagado con esta moneda?
¿Por qué no partí al destierro del infierno de mis hagallas para sufrir en silencio el dolor de mi propia muerte? Yo ya he pagado la pena de mi desdichada vanidad, pero... ¿y ellos? ¿Qué precio han tenido que pagar por mi?
miércoles, 7 de julio de 2010
Entre las Bestias
El calor se hacía presente cada minuto del día, día que se adentraban poco a poco dentro del cálido y árido verano, verano de cuyo comienzo somos conscientes cuando vemos en las trágicas cogidas que soportan entre unos y otros, aquellos que creen poder sin saber, demostrar su coraje y valentía delante de un morlaco. Y sin tener en cuenta que no sólo es cuestión de buevos sino de destreza y avidez, se valentonan colocándose frente a semejante masa de carne y huesos dispuestos a comenzar una sin igual carrera de apenas unos minutos de distancia, pero que para algunos puede convertirse en el martirio más largo que jamás hayan podido presenciar.
Acechaba la hora en la que el cántico a San Fermín retumbaba por las callejuelas pamplonicas, miles de voces al unísono alardeban de su miedo al pedir valor al Santo para arremeter la corrida de sus vidas. Mi voz apenas podía graznar por el miedo de ser golpeado, atropellado, pisoteado, y que ninguno de mis compañeros fuera capaz de ayudarme en caso de desvanecerme en el frío y húmedo asfalto, era mi primera vez, y quizás fuese la última. Un sudor frío recorría mi cuerpo, empapado, jadeando incluso antes de comenzar el martirio... no, yo no estaba hecho para esto... ya me habían hablado de estos días... no, no podía creer que ahora fuese yo quien corriera, ¿por qué habría de venir aquí?
Casi sin esperarlo se abrieron las puertas, cientos de personas asomadas viendo cómo salían las bestias de su recinto a ritmo de caña golpeando sobre el lomo... gritos y embestidas corporales parecían ser los gestos más normales en esta plaza donde todo comienza y de la misma forma en la que acabará. Las moles asustadas comenzaron su particular salida ahuyentados por borrachos y mozos,... los primeros tropiezos llegaron en esa primera curva, en la que algunos golpearon sus kilos de masa sobre los muros de aquella vieja vivienda en la que asustadizos pseudovalientes se agolpan para conseguir un pequeño hueco de reja y alejarse del peligro... sería lo más cerca que jamás estarían de un toro. Tropecé con mi propia pierna y caí sin apenas poder remediarlo, hinqué mi boca sobre el suelo restregando y probando el sucio suelo pisado por miles de personas y bañado por los más extravagantes cócteles que aquella fiesta podía dejar. Dos de mis compañeros cayeron aplastándome por mi culpa, ávidos se incorporaron por miedo a sus cazadores, el peso me hirió en un tobillo, apenas podía moverme, pero venían hacia mi, en manada, los miré a los ojos y el miedo eliminó el dolor para sacar las fuerzas que jamás tuve de joven. Mi carrera había comenzado.
Con la cabeza bien alta me levanté y procuré la coordinación de mis extremidades para no volverme a tropezar, en continua lucha contra el resbaladizo suelo, y los seguidos palos y empujones que recibo de las gentes que corren a mi alrededor.
Un nuevo giro sobre el firme donde ya se han resbalado varios compañeros, frenar sería perder terreno frente esas bestias, y desviar el camino se hace cada vez más imposible al no poder conjugarlo con mi equilibrio... fuerzas contrapuestas destinadas a elevarme al nivel del piso para encauzar una vez más mi masa frente a mi centro de gravedad, para visualizar al fin las puertas en las que acaba mi calvario. Sin huecos en las vallas donde saltar, sin lugares donde poder agarrarme y esperar que pase la marea, ni un mísero refugio donde apaciguar el pánico que me acosa desde hacía varios días... Exhausto percibo el sutil movimiento de los pañuelos rojos hondeando a nuestra entrada entre gritos y vitoreos. Como héroes de guerra sin batalla en desigualdad, el manso y la bestia, traspaso las puertas triunfante al haber arribado finalmente donde la corriente de mozos, corredores y demás incautos me arrastraba desde mis inicios. Y una vez ahí, en el centro del ruedo, sólo me queda agachar la cabeza y reconocer mi derrota frente a la humillación de masas entre capotes y recortadores, donde la furia y el odio tornan en serenidad y lucidez gracias al cansancio y al aturdimiento provocado por las caídas y palos con los que alardeaban de falso valor. Desnudo quedo avasallado por silbidos y gritos, rindo mi valor y mi orgullo ante tal muestra de gentes civilizadas.
Nadie más que yo mismo ante la masa de gente civilizada, despojado de mi valor y mi orgullo, avasallado por los gritos y los silbidos de todo aquel que entra en el ruedo, y humillado por aquellos que me han hecho morder el polvo, me postro sobre mis codillos rindiendo pleitesía ante las bestias que arremeten contra un manso ganado, en busca del indulto para así intentar salvarme del fatídico final que me esperaba. Sin duda, la peor carrera de mi vida.
Acechaba la hora en la que el cántico a San Fermín retumbaba por las callejuelas pamplonicas, miles de voces al unísono alardeban de su miedo al pedir valor al Santo para arremeter la corrida de sus vidas. Mi voz apenas podía graznar por el miedo de ser golpeado, atropellado, pisoteado, y que ninguno de mis compañeros fuera capaz de ayudarme en caso de desvanecerme en el frío y húmedo asfalto, era mi primera vez, y quizás fuese la última. Un sudor frío recorría mi cuerpo, empapado, jadeando incluso antes de comenzar el martirio... no, yo no estaba hecho para esto... ya me habían hablado de estos días... no, no podía creer que ahora fuese yo quien corriera, ¿por qué habría de venir aquí?
Casi sin esperarlo se abrieron las puertas, cientos de personas asomadas viendo cómo salían las bestias de su recinto a ritmo de caña golpeando sobre el lomo... gritos y embestidas corporales parecían ser los gestos más normales en esta plaza donde todo comienza y de la misma forma en la que acabará. Las moles asustadas comenzaron su particular salida ahuyentados por borrachos y mozos,... los primeros tropiezos llegaron en esa primera curva, en la que algunos golpearon sus kilos de masa sobre los muros de aquella vieja vivienda en la que asustadizos pseudovalientes se agolpan para conseguir un pequeño hueco de reja y alejarse del peligro... sería lo más cerca que jamás estarían de un toro. Tropecé con mi propia pierna y caí sin apenas poder remediarlo, hinqué mi boca sobre el suelo restregando y probando el sucio suelo pisado por miles de personas y bañado por los más extravagantes cócteles que aquella fiesta podía dejar. Dos de mis compañeros cayeron aplastándome por mi culpa, ávidos se incorporaron por miedo a sus cazadores, el peso me hirió en un tobillo, apenas podía moverme, pero venían hacia mi, en manada, los miré a los ojos y el miedo eliminó el dolor para sacar las fuerzas que jamás tuve de joven. Mi carrera había comenzado.
Con la cabeza bien alta me levanté y procuré la coordinación de mis extremidades para no volverme a tropezar, en continua lucha contra el resbaladizo suelo, y los seguidos palos y empujones que recibo de las gentes que corren a mi alrededor.
Un nuevo giro sobre el firme donde ya se han resbalado varios compañeros, frenar sería perder terreno frente esas bestias, y desviar el camino se hace cada vez más imposible al no poder conjugarlo con mi equilibrio... fuerzas contrapuestas destinadas a elevarme al nivel del piso para encauzar una vez más mi masa frente a mi centro de gravedad, para visualizar al fin las puertas en las que acaba mi calvario. Sin huecos en las vallas donde saltar, sin lugares donde poder agarrarme y esperar que pase la marea, ni un mísero refugio donde apaciguar el pánico que me acosa desde hacía varios días... Exhausto percibo el sutil movimiento de los pañuelos rojos hondeando a nuestra entrada entre gritos y vitoreos. Como héroes de guerra sin batalla en desigualdad, el manso y la bestia, traspaso las puertas triunfante al haber arribado finalmente donde la corriente de mozos, corredores y demás incautos me arrastraba desde mis inicios. Y una vez ahí, en el centro del ruedo, sólo me queda agachar la cabeza y reconocer mi derrota frente a la humillación de masas entre capotes y recortadores, donde la furia y el odio tornan en serenidad y lucidez gracias al cansancio y al aturdimiento provocado por las caídas y palos con los que alardeaban de falso valor. Desnudo quedo avasallado por silbidos y gritos, rindo mi valor y mi orgullo ante tal muestra de gentes civilizadas.
Nadie más que yo mismo ante la masa de gente civilizada, despojado de mi valor y mi orgullo, avasallado por los gritos y los silbidos de todo aquel que entra en el ruedo, y humillado por aquellos que me han hecho morder el polvo, me postro sobre mis codillos rindiendo pleitesía ante las bestias que arremeten contra un manso ganado, en busca del indulto para así intentar salvarme del fatídico final que me esperaba. Sin duda, la peor carrera de mi vida.
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